martes, 9 de agosto de 2011

LA TRIBULACIÓN DEL INCONSCIENTE - María Teresa Casalta de García

La presencia de imágenes sensuales y de erotismo no es una de las constantes en la obra de Ramos Sucre; sin embargo, entre los textos de La torre de timón, “La tribulación del novicio” nos ha llamado poderosamente la atención por la existencia de los elementos al principio mencionados; la maestría, elegancia y belleza del lenguaje con que son manejados y la fuerza del deseo carnal que en ellos se expresa.

Vivo sintiendo el contacto de carnes redondas y desnudas; manos ligeras y sedosas se posan sobre mis cabellos, y brazos lánguidos y voluptuosos descansan sobre mis hombros. A cada paso siento sobre mi frente los pequeños estallidos de los besos. Una mujer con palabras acariciantes se inclina hasta tocar con la suya mi mejilla. Su voz insinúa dentro de mí el deseo como una sierpe de fuego. Todo mi ser está embargado de fiebre y lo inquieta un loco deseo de transmitirse encendiendo nuevas vidas. Barbas selváticas, cuernos torcidos, cascos, todos los arreos del sátiro podrían ser míos. Demasiado tarde he venido al mundo; mi puesto se halla en el escondrijo sombrío de un bosque, desde el cual satisficiera mi arrebato espiando la belleza femenina, antes de hacerla gemir de dolor y de gozo. (Ramos Sucre, 1980: 32)

Según Freud, el ser humano, por su circunstancia en el mundo, ha reprimido, a través del “principio de la realidad”, lo que el psicoanalista ha llamado el “principio del placer” y es por la sublimación de los deseos reprimidos, acumulados en el inconsciente y dominados por el súper-ego, que el hombre ha realizado las grandes obras de arte. Bien sabemos que Ramos Sucre, desde su infancia, fue sometido a una disciplina férrea impuesta por su madre y el tío que se encargó de su formación intelectual, lo que trajo como consecuencia una mutilación o castración que no le permitió disfrutar de los goces propios de su especie y de las diversas etapas de la vida por las que pasa un hombre. En su inconsciente están guardados todo un cúmulo de placeres insatisfechos que pugnan por liberarse, pero el súper-ego les impide salir; entonces, el poeta usa el lenguaje para sacarlos de la prisión donde se encuentran, creando así, textos de gran belleza.

En “La tribulación del novicio” hallamos la técnica del enmascaramiento. El súper-ego del poeta, esa voz interior represiva, no le permite hacer una confesión directa de quién es él realmente y se expresa a través de la máscara de un joven novicio quien se siente agobiado por la vida monástica que lo aparta del disfrute del mundo y que no es cónsona son su juventud.

En este poema se hace presente, bajo el “grueso sayal” de un joven novicio, el YO del poeta cumanés, deseoso de salir al mundo, palparlo, gozarlo sin restricciones; de romper, sin ningún sentimiento de culpabilidad, las cadenas que lo hacen esclavo de los principios inculcados desde la más tierna infancia, de ser realmente un hombre completo, no mutilado; sin embargo, es él mismo quien se impone límites y no permite la libertad de su alma, de sus sentimientos, de sus sentidos, de sus deseos. No tiene la fuerza o la osadía de luchar contra ese superego que lo domina o contra las voces de la madre y del tío, odiados pero siempre presentes. Ve el mundo desde afuera y no se atreve a entrar plenamente en él y deleitarse en las maravillas que le ofrece, a tal punto que se siente extraño a él y se ve en la necesidad de recurrir a épocas remotas, míticas o a inventar mundos fantásticos o inexistentes para refugiarse en ellos.

Sufro por mi estado religioso mayor esclavitud que un presidiario; con mortificaciones y encierros pago el delito de esta rebosante juventud; aislado, herido por desolación profunda, resguardo mis sentidos, y niego satisfacción a mis deseos y hospitalidad a la alegría. (…) Debo recatarme de participar en la alegría de la tierra amorosa y robusta; vestir perpetuo traje de oscuridad, cuando a todas partes la luz, rauda viajera, lleva su aleluya; reemplazar con rigurosa seriedad la grave sonrisa que conviene al espectador de la tragicomedia del mundo. Sabiendo que el organismo cede con la satisfacción, he de resistirle aunque reproduzca sus deseos con más furia que la hidra sus cabezas. (Ramos Sucre, 1980: 33)

En Ramos Sucre, el elemento liberador del inconsciente es la palabra. El poeta la usa para crear textos hermosos que llegan a lo profundo del alma humana ¿o tal vez de nuestro inconsciente para crear en él una rebelión?

María Teresa Casalta de García

Julio, 2008

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFÍCAS

Eagleton, T. (1998). Una introducción a la teoría literaria. Santafé de Bogotá, Fondo

de Cultura Económica.

Ramos Sucre, J.A. (1980). Obra completa. Caracas, Biblioteca Ayacucho.