jueves, 31 de octubre de 2013

¡QUÉ ANTIIMPERIALISTAS SON MIS VECINOS ROJO-ROJITOS!



         Esta tarde, al pasar con mi carro frente a su casa, me quedé sorprendida con la “manifestación de antiimperialismo” de mis recientes vecinos rojo-rojitos, miembros de la nueva boliburguesía que, cuando era pobre, criticaba y condenaba con vehemencia a los “ta’barato, dame dos” y que ahora, no solo adora  viajar al Imperio con los bolsillos o maletines llenos de dólares en efectivo, sino que compran casas viejas, a veces a precios de gallina flaca, y las rehacen, así estén bien conservadas,  usando materiales de lujo, como el mármol (¡Les fascina!), entre otros. O como mis nuevos vecinos, quienes, además de la refacción casi total de una de las casas más grandes y bonitas de mi calle, construyeron en el jardín una piscina de dos niveles, con caída de agua y todo.
         ¿A qué se debió mi sorpresa? Hoy es 31 de octubre, día de Halloween, fiesta que, a pesar de su origen celta, el “odiado” Imperio Norteamericano ha hecho muy suya y, por lo tanto, debería ser rechazada por todo aquel simpatizante del Socialismo del siglo XXI. Sin embargo, mis nuevos vecinos rojo-rojitos, muy amigos de las fiestas (los fines de semana siempre arman una y bien ruidosa), también celebran las festividades de esos detestables gringos y colocaron en la parte superior de la entrada de su recién adquirida y remodelada casa, en un lugar bien a la vista de todos y para que no pasara desapercibida para ninguno de los transeúntes de esta calle, una enorme calabaza de la cual emerge triunfante una horrible bruja con la cara verde oscuro, un gran sombrero negro y blandiendo una escoba en una de sus manos, todo inflable y de fabricación no endógena, por supuesto. En esta calle, donde la mayoría, no diría que son de oposición, sino más bien apáticos e indiferentes, incapaces de protestar la baja de calidad y hedor del agua que sale por sus grifos o un bote de agua negras de días o la ausencia del aseo urbano, pero que puedo afirmar no son pro gobierno, aunque algunos tengan seguramente tratos económicos con este, mis nuevos vecinos boliburgueses son los únicos en adornar su casa con motivos de esta fiesta importada del Imperio. No sé si tienen hijos pequeños, pero si los tienen, seguramente tocarán mi puerta esta noche, exclamando: “Trick or treat”.
         Me pregunto si en unos días veré, en el lugar de la calabaza y la bruja, un enorme y simpático pavo inflable porque los rojo-rojitos van a celebrar el “Día de acción de gracias” que le ha dado por festejar también a algunos en Caracas -todavía no he logrado entender por qué- y los revolucionarios, beneficiados por las bondades del difunto Comandante, su hijo y sus herederos, no se quieren quedar atrás.

Caracas, 31 de octubre de 2013