Esta tarde, al pasar con mi carro
frente a su casa, me quedé sorprendida con la “manifestación de antiimperialismo”
de mis recientes vecinos rojo-rojitos, miembros de la nueva boliburguesía que,
cuando era pobre, criticaba y condenaba con vehemencia a los “ta’barato, dame
dos” y que ahora, no solo adora viajar
al Imperio con los bolsillos o maletines llenos de dólares en efectivo, sino
que compran casas viejas, a veces a precios de gallina flaca, y las rehacen,
así estén bien conservadas, usando
materiales de lujo, como el mármol (¡Les fascina!), entre otros. O como mis
nuevos vecinos, quienes, además de la refacción casi total de una de las casas
más grandes y bonitas de mi calle, construyeron en el jardín una piscina de dos
niveles, con caída de agua y todo.
¿A qué se debió mi sorpresa? Hoy es 31
de octubre, día de Halloween, fiesta que, a pesar de su origen celta, el “odiado”
Imperio Norteamericano ha hecho muy suya y, por lo tanto, debería ser rechazada
por todo aquel simpatizante del Socialismo del siglo XXI. Sin embargo, mis nuevos
vecinos rojo-rojitos, muy amigos de las fiestas (los fines de semana siempre
arman una y bien ruidosa), también celebran las festividades de esos
detestables gringos y colocaron en la parte superior de la entrada de su recién
adquirida y remodelada casa, en un lugar bien a la vista de todos y para que no
pasara desapercibida para ninguno de los transeúntes de esta calle, una enorme
calabaza de la cual emerge triunfante una horrible bruja con la cara verde
oscuro, un gran sombrero negro y blandiendo una escoba en una de sus manos,
todo inflable y de fabricación no endógena, por supuesto. En esta calle, donde
la mayoría, no diría que son de oposición, sino más bien apáticos e
indiferentes, incapaces de protestar la baja de calidad y hedor del agua que
sale por sus grifos o un bote de agua negras de días o la ausencia del aseo
urbano, pero que puedo afirmar no son pro gobierno, aunque algunos tengan
seguramente tratos económicos con este, mis nuevos vecinos boliburgueses son
los únicos en adornar su casa con motivos de esta fiesta importada del Imperio.
No sé si tienen hijos pequeños, pero si los tienen, seguramente tocarán mi
puerta esta noche, exclamando: “Trick or treat”.
Me pregunto si en unos días veré, en el
lugar de la calabaza y la bruja, un enorme y simpático pavo inflable porque los
rojo-rojitos van a celebrar el “Día de acción de gracias” que le ha dado por
festejar también a algunos en Caracas -todavía no he logrado entender por qué- y
los revolucionarios, beneficiados por las bondades del difunto Comandante, su
hijo y sus herederos, no se quieren quedar atrás.
Caracas, 31 de octubre de 2013
Caracas, 31 de octubre de 2013